Traveling to feel alive!
Llegamos al final de nuestra aventura por el mundo, y ya desde Londres, a sólo un día de, por fin, reunirnos con la gente que queremos, pues toca evaluar.
Hemos pensado que sería buena idea hacerlo, primero, a modo de entrevista, y en sucesivos post, por medio de listados para hacernos una idea algo más concreta de las experiencias.
Señoritas primero.
Marta
Qué te ha quedado por hacer y que hubieras gustado de hacer?
- Meditar en un Ashram en India.
Qué lugar no has podido visitar y desearías haberlo hecho?
- Tibet.
A qué país te gustaría volver?
- Nueva Zelanda.
A qué país no querías volver?
- Malasia.
En qué ciudad no te importaría vivir?
- Auckland.
Qué no te llevaste al viaje, muy difícil de conseguir y que has necesitado después?
- Una depiladora eléctrica.
Qué has aprendido?
- Que todo es posible, sólo basta proponérselo.
Qué es lo que más has echado de menos?
- A mi familia y amigos.
Qué has descubierto de ti misma?
- Que soy capaz de muchas más cosas de las que pensaba.
Has pasado miedo en algún momento?
- Si, mucho mucho en el aterrizaje en Buenos Aires, nunca un avión se había movido tanto, sobre todo cuando las azafatas empezaron a gritar.
Un lugar?
- La casa de Carol en Hong Kong. Estuve en casa.
Una comida?
- Cualquiera en las calles de Georgetown (Malasia).
Una bebida?
- Massala Chai, India.
Alguien para recordar?
- El veterano de guerra que conocimos en Nueva Zelanda, que se deshizo de todo lo que tenía para comprarse una Van y recorrer su país durante dos años.
Para terminar, un consejo?
- No tengas miedo a seguir tus sueños.
David.
Qué te ha quedado por hacer y que hubieras gustado de hacer?
- Salto libre con paracaídas, pero mi peso me lo impidió.
Qué lugar no has podido visitar y desearías haberlo hecho?
- Tibet.
A qué país te gustaría volver?
- Nueva Zelanda.
A qué país no querías volver?
- India, pero por la gente más que por el país.
En qué ciudad no te importaría vivir?
- Wanaka (Nueva Zelanda).
Qué no te llevaste al viaje, muy difícil de conseguir y que has necesitado después?
- Más películas.
Qué has aprendido?
- Que no es verdad que todos seamos iguales, somos distintos, el problema es que no sabemos convivir con nuestras diferencias.
Qué es lo que más has echado de menos?
- El respeto por la naturaleza.
Qué has descubierto de ti mismo?
- Que soy más intolerante de lo que creía.
Has pasado miedo en algún momento?
- No.
Un lugar?
- Cualquier rincón en Nueva Zelanda.
Una comida?
- El sushi en Tokio.
Una bebida?
- Los milkshakes de Malasia.
Alguien para recordar?
- Mucha gente, pero siempre me sale una sonrisa al recordar a Mistery.
Para terminar, un consejo?
- Las guías de viaje son una gran ayuda, pero ignorarlas a veces, puede ser arriesgado, pero mucho más gratificante.
Por fin llegamos, tras 6 horas de retraso de tren, a Amritsar, donde parte de los planes quedaron truncados por culpa del retraso, eso si, nada nos impedirá levantarnos a las cinco de la mañana para poder ver el Templo Dorado, lugar que se presume como la Meca de los Sikhs (la gente que más nos ha gustado de toda India, ya que son, estilosos, respetuosos, humildes y simpáticos, por no hablar de que están en contra de los clasismos y para ellos todos somos iguales).
Nos levantamos tras un corto descanso, cuando todavía era de noche, con intención de disfrutar del amanecer en dicho lugar. Un placer el paseo asta el templo, ya que Amritsar se supone ser una ciudad caótica también, pero a esas horas la paz de quien duerme aún reina en las calles.
Al llegar al templo te tienes que descalzar completamente, lavar los pies y cubrir la cabeza, ya que es un lugar santo y puro.
Un sobrecogedor sentimiento de paz y fascinación se apodera de ti al bajar las escaleras de la puerta del templo y contemplar ante ti, en el medio de un lago, el Templo Dorado, compuesto por más de 700Kg. de auténtico oro. (Estos son como la iglesia católica, la gente se muere de hambre en la calle pero los templos están llenos de riquezas).
Todo el complejo está construido con mármol blanco, y es visitado por miles de peregrinos cada día. A esas horas todavía no había más que unas pocas decenas de personas, entre ellas, los dos únicos extranjeros, nosotros.
El templo es iluminado por dos focos que realzan su brillo durante la noche. La verdad es que todo el tiempo que pasamos hasta bien amanecido el día fue una experiencia inolvidable, la paz que tanto ansiábamos se apoderó de nosotros, por primera vez nadie intentó molestarnos, todo lo contrario, nos acogieron como uno más, y, aunque muchos nos miraban con fascinación (es poco común ver blancos en persona para muchos de los peregrinos), el respeto mutuo fue la norma predominante. Eso y el frío en los pies, ya que al ser todo de mármol, no veáis qué dolor!
Al salir del templo, descubrimos que la fama de caos de la ciudad era merecida, pero los ánimos no decayeron, aún con la paz en el cuerpo y con la tranquilidad de que en pocas horas marcharíamos de vuelta a Delhi, nos fuimos a desayunar y a disfrutar del gran día.
Sólo espero que las fotos os den una mejor idea de lo que, malamente, intento explicar con palabras.
Llegando ya hacia el final de nuestro viaje por India y por el mundo, venimos a parar a Jaipur, capital de Rajasthan.
Se le llama la ciudad rosa, algo que gustan mucho por estos lares, que es ponerle nombres de colores a las ciudades en honor al color predominante y generalmente muy definitorio. Pero en este caso, no se corresponde con la realidad, puesto que el color rosa no se ve más que en un par de monumentos y casas sueltas.
Tal vez la suciedad que compone la ciudad no deja ver tal fenómeno, o tal vez el caos reinante, que, aunque general en toda India, aquí alcanza un grado superlativo.
Es tanto el caos, el ruido, el bullicio de gente y la extrema necesidad de estar alerta ante los ataques de los locales, que de los tres días que pasamos en la ciudad (en parte obligados por las huelgas que mantuvieron los transportes atrapados en las carreteras), sólo uno lo pasamos visitándola, y el resto en el hotel, digamos que hemos desarrollado una especie de agorafobia, y permanecer en estas calles es algo infernal.
Desde luego es una ciudad que, salvo que seas un fanático de las compras y un santo de la paciencia, no recomiendo nada visitarla.
Tras varias cancelaciones de trenes y dinero perdido, nos quedamos sin poder ir a Agra y ver el Taj Mahal, una gran pena, ya que no ver ese monumento es como no ir a India, pero las manifestaciones, aunque más que justificadas, están dirigidas a fastidiar al turismo, y en nuestro caso lo consiguieron. Hemos conseguido billetes para ir, en lo que más se parece a un bus para nosotros, a Delhi, y de allí, al día siguiente, tren para ir a Amritsar, la ciudad del templo dorado. Veremos qué tal.
Hemos de decir que el viaje en bus, que debería haber durado 5 horas, al final tardó 8, un trayecto lleno de intentos de suicidio por parde del conductor y demás conductores de la “autopista”, ya que en algunos tramos se le dió por, para adelantar a los camiones que circulaban lento y ocupando toda la carretera, circular por la intransitable y elevada mediana de la autopista. En otros no se le ocurrió nada mejor que cambiarse al carril contrario y circular contra corriente, junto con otros vehículos, con adelantamientos incluídos. Toda una aventura entre asesinos en potencia.
Una ciudad pequeña que se supone muy santa, pero que a los cinco minutos de estar en ella te das cuenta de que, como en casi toda India, no es más que una trampa para turistas, donde todo el mundo te avisa de que no te fíes de nadie ya que todo el mundo intentará robarte.
A pesar de todo, es una ciudad espectacularmente bonita, con un lago central que tras tres años de sequía vuelve a tener agua, donde sólo los creyentes o los inmunes a cualquier tipo de infección pueden tocar sus aguas, con escaleras que dan directamente desde las casas al lago, con coloridos muros e infinidad de tiendas.
La verdad es que toda la ciudad es un mercado en si, donde se supone que llegan infinidad de comerciantes de todo el mundo para comprar a precio de ganga los productos que luego nos encontraremos nosotros a precio de oro en tiendas tipo Natura o del estilo Hippy.
Comer en los muy estilados restaurantes te los tejados es un verdadero placer en Pushkar, una ciudad de muy recomendable visita.
Passamos uma rápida manhã na modesta cidade de Bikaner. Nascida dentro de muralhas de argila vermelha, pouco tem para ver, para ser sincera, mas se entramos no Palácio, dentro do Forte, podemos viajar por histórias de Aladinos e de tapetes mágicos. Deixomo-vos as fotos que descrevem bem o que vimos.
Durante nuestra estancia en Jaisalmer, hemos pasado una noche en el desierto, pero al estilo local.
De las opciones que nos proponían, decidimos quedarnos con la menos turística, por ser la más parecida a la verdadera experiencia que viven muy a diario los lugareños.
Tras un paseo en Jeep (de marca hindú y calidad igualmente pésima), nos montamos en los camellos con los recorreremos un desierto que, gracias a las tan ansiadas lluvias, no era tan desértico y gozaba de algo más de verde del que uno espera encontrar en un sitio como este. No por eso estuvo falto de encanto.
Una vez llegados al “campamento”, entiéndase la duna donde pasaríamos la noche, y sentido el dolor entre las piernas de quien monta un camello por primera vez, los guías que nos acompañaban se pusieron a preparar la hoguera donde cocinarían la cena. Para que os hagáis una idea, la zona en la que nos encontrábamos estaba llega de dunas, y justamente donde nosotros acampamos la arena estaba llena de, perdón por la expresión, mierda de camello, quedaros con este dato.
La cena se compuso de comida local, preparada al estilo desierto, y os aseguro que estaba buenísima. Tras terminar, muy sanotes nuestros guías (lo de sanotes es ironía), se ponen a limpiar los platos y demás que usamos para cenar. Que no cubiertos ya que por aquí se come con las manos, incluso las lentejas que nos comimos, que para eso está el pan paratha. Sorpresa la nuestra cuando vemos cómo limpiaban los platos, evidentemente al ser un desierto, el agua escasea, por lo tanto, qué usas en esa situación? Pues arena! la mismita que estaba llena de la mierda de camello, os acordáis? pues si, ahora nadie me podrá decir que nunca he comido mierda…
Si llegados a este punto seguís leyendo con el estómago en su sitio, os puedo decir que ver el anochecer en el desierto es una experiencia genial, que la noche no fue falta de momentos mejores, noche de luna llena, incluso un perro vagabundo decidió ser nuestro compañero de batallas, y que hace un frío que te mueres, ya que eso de usar tienda no es algo que se estile entre los locales, por lo que mantas a mansalva y a dormir si puedes.
Al amanecer, más bellas imágenes, un desayuno, este ya en plan continental con sus tostaditas con mermelada y huevo cocido, pero cocinado al mismo estilo de la cena, con los platos bien limpitos. Este ya costó algo más comerlo, ya que conocíamos la procedencia de la “limpieza de esos platos”, pero bueno, nos esperaba la vuelta en camello, y necesitábamos energías para soportar el dolor.
No os preocupeis que no nos arrepentimos de nada, ya que entre risas e imágenes inolvidables, la experiencia fue estupenda. Eso si, nunca más de una noche.
Nota para los niños, y no es mentira: Durante la clara noche que la Luna nos regaló, a lo lejos pudimos ver entre las dunas otros tres camellos con gente sobre ellos. No lo puedo asegurar pero juraría que eran los reyes magos, así que andaros al loro eh?
Chegamos a Jaisalmer. O ponto de abastecimento para as rotas de camelo no deserto Indiano noutras eras. Hoje uma “pequena” cidade, que cresceu ao redor do seu magnifico forte cor de areia e fica a poucos quilómetros da fronteira com o Paquistão. É a cidade dourada, porque dourado é a cor do seu solo e do mármore que a reveste quase na totalidade.
As dunas do deserto estão muito próximas e é este o ponto essencial de sobrevivência da sua gente: o turismo. Longe das grandes massas que se deixam perder por Agra ou por outros locais mais populares da Índia Aqui, quem vem, vem porque sabe que é diferente, vem sabendo que está longe de tudo mas que vale mesmo a pena.
Actualmente toda a cidade vive das visitas de forasteiros que buscam uma nova experiência ou simplesmente descansar do bulício das outras cidades e deixar-se passear calmamente pelas labirínticas e tranquilas ruas do interior do forte. Hum… Tranquilas não é bem o termo, já que as mais centrais têm pequenas lojas de produtos tradicionais e ao mínimo olhar de interesse somos abordados pelos comerciantes. No entanto, Jaisalmer é feita de gente simpática e consigo entender quem venha de longe até aqui em busca de alguma paz. À porta de cada casa sente-se o viver da sua gente, com roupas de cores garridas estendidas, cães a dormitar, crianças que correm descalças para a casa do vizinho, sagradas vacas deambulam placidamente. Como se fossemos invisíveis, as vidas dentro do forte seguem com os rituais diários permitindo-nos, sem o saber, fazer parte delas. Há paredes pintadas de cores pálidas, algumas com coloridos painéis de deuses a dar as boas vindas.
Fomos muito bem recebidos pela gente do nosso hotel. Tivemos conversas boas no terraço, pelas noites, com o forte iluminado como fundo. Ensinaram-nos alguns truques do regateio de alguns produtos Indianos, contaram-nos como o mármore aqui é mais barato que o cimento, como a vida da gente do deserto foi mudando ano após ano. Jaisalmer foi, sem dúvida, um bálsamo.
Empezamos nuestra ruta por el territorio Indio de Rajasthan, y la haremos en varios días, en los cuales iremos en la preciosidad de coche que veis en las fotos. Un clásico de más de 20 años, que difícilmente pasará de 100km/h, pero que tampoco lo necesita visto el estado de las carreteras en este país.
Primer destino, Jodhpur, la ciudad azul. Pero por el camino una paradita para ver un fascinante templo hecho todo de cientos de columnas de mármol, material del que está compuesto todo el templo. Mármol helado, os lo garantizo, ya que para entrar, entre las normas de no poder entrar con nada de piel, de tener que pagar por usar la cámara, a parte de la entrada, y de no poder entrar si se tiene la regla, hay que entrar descalzo, por lo que imaginaros lo que es pasear por suelos de frío mármol.
El templo era alucinante, con simpáticos monjes que se ofrecían a enseñártelo por unas cuantas rupias. No money sir, y se van.
Llegamos a nuestro primer destino, una bulliciosa, ruidosa y congestionada ciudad flanqueada por una enorme fortaleza en lo alto de una montaña.
Tras pasar la noche en un hotel donde el personal se componía de unos arrogantes y mal educados niñatos, nos vamos a ver la fortaleza, pasando antes por la tumba de un maharaja, que ya quisieran algunas casas de lujo, por supuesto, todo mármol, que se ve que aquí debe ser muy barato.
La fortaleza se alza en lo alto de una montaña, vigilante sobre la ciudad azul, y desde el momento de entrar nos ha fascinado. Los gravados de las pareces, los cuartos, las vistas, todo es una pasada. El trabajo barroco que esta gente hacía para cualquier detalle es de incalculable valor. Nos ha encantado.
A medio día, cogemos camino a nuestro próximo destino, Jaisalmer, la ciudad dorada, donde también tienen fortaleza, y donde esperamos hacer un safari en camello por el desierto.
De antemano aviso que este es un post de desahogo y puede herir la sensibilidad o rozar el aburrimiento para muchos.
Quiero contaros lo que es pasar las Navidades en un país de miserables, y cuando digo miserables lo digo de verdad, porque en muchos aspectos este país está repleto de ellos. Desde la pobre gente que se muere de hambre por las calles, que son la minoría, pasando por los malditos miserables que usan todas las tretas posibles para sacarte el dinero de la manera más fraudulenta posible. No os podeis imaginar los esfuerzos inhumanos que llega a hacer esta gente por sacarte el dinero. Y es que la enfermedad de india es la avaricia, una avaricia que es tan intensa y tan profunda que se está comiendo al país, es algo tan fuerte que se respira en el aire.
Caminando por las calles de cualquier ciudad (al menos de todas las que llevamos visitado) te das cuenta de que cuando miran para ti no ven una persona, sólo ven un billete caminante. Si se acercan a ti es, única y exclusivamente, para intentar engañarte y sacarte el dinero. Incluso en los alojamientos te advierten de ello, nada más llegar a una estación o aeropuerto, eres invadido por cientos de personas que intentarán convencerte para llevarte a cualquier sitio menos tu hotel, y no os imaginais lo creativos que son para convencerte de que tu hotel no debe ser tu destino.
Una de las tretas más tristes que usan aquí y que hace de esa gente lo más despreciable, es decirte que el dinero que consigan lo usarán para ayudar a la gente pobre, y podeis estar seguros de que es una cochina mentira.
Desde que llegamos a India esta ha sido la dinámica diaria, no confiar en nadie, sobre todo si son muy amistosos, y por lo de pronto hemos podido salir más o menos indemnes de estafas, sólo perdidas algunas rupias cuando había que pagar algo y como siempre, en ningún sitio tienen cambio, por lo que si no pagas con el dinero exacto, te devolverán un cambio inexacto con beneficios siempre a su favor, y sólo tienes dos soluciones, o aceptarlo o liarte a palos con el desalmado que tienes en frente.
Creedme que el deseo de golpear a esa persona hasta límites desconocidos es muy poderoso en determinados momentos con esta gente, gente que te mira con soberbia y se ríe al ver a un extranjero que por educación, no entra en discusiones y menos en contactos violentos. Ellos lo saben, y en consecuencia actúan.
Ahora mismo nos encontramos en Jaipur, capital de Rajastán, ciudad conocida paradójicamente como la ciudad rosa, pero cuya vida dista mucho de dicho color. Aquí la estafa, la soberbia, la falta de respeto y la avaricia son la materia que compone su existencia. Llegamos el 23, y se suponía que debíamos partir destino a Agra el 26. A nuestra llegada recibimos el aviso de que hay manifestaciones en la ruta a Agra desde Jaipur y que posiblemente tengamos problemas para llegar allí el 26. El día 24 se nos confirma que no podremos ir a Agra ni siquiera en tren, ya que los manifestantes tienen cortados todos los accesos, por lo que intentamos conseguir un billete de tren a Delhi desde Jaipur, y de paso cambiar el que ya teníamos comprado por internet para ir desde Agra.
Tras luchar por mantener nuestro puesto en la cola de espera en la taquilla de reservas de la estación de trenes, tras pelear con el arrogante hombre de la taquilla, que no sirvió de ninguna ayuda, salvo para saber que no se podía cambiar ni recibir dinero de vuelta por el billete de tren que perderemos, conseguimos unos billetes de tren para Delhy para el día 26.
###
Es Noche Buena, lejos de nuestras familias y amigos (que para nosotros es la misma cosa), y en un país donde la Navidad no se celebra, salvo en el sur; decidimos buscar un restaurante lo más acogedor posible para pasar una velada de Noche Buena lo más agradable posible. Llegar al elegido ya fue una odisea, pelear con todos los conductores de Tuc Tuc que se ponían delante para llegar a un precio que no fuese un insulto a nuestra persona por llevarnos a un lugar donde, según el hotel, no debería costar más de 30rupias (0.50€) en total. Finalmente pagamos 50rupias (0.80€), lo cual no es gran cantidad de dinero para un europeo, pero para que os hagáis una idea, aquí es como si por un trayecto en taxi que debería costar 3€ pagases 9€.
Al final no quisimos que esto nos aguase la fiesta y nos limitamos a tomarlo con humor, no olvidemos que faltaba la vuelta, en la cual, dispuesto a todo, ya no pregunté el precio y nos limitamos a pagarle al conductor 50rupias con la esperanza (por su salud) de que no intentase sacar más.
###
Llega el día de marchar, nuestro tren es a las 6 de la mañana, salimos del hotel donde nos han tratado genial (gente buena la hay incluso aquí), y cogemos el tuc tuc que nos habían reservado en el hotel para llevarnos a la estación de trenes con un precio ya acordado de 50rupias. Al llegar, cómo no, y por fallo nuestro, no teníamos cambio y le dimos un billete de 100, por supuesto, el conductor no tenía cambio suficiente y ala, sólo tenía 40 de vuelta, mmmm, qué haces? pues te jodes y le regalas 10rupias.
A las puertas de la estación, incluso a esas horas, ya somo abordados por los buitres, que hambrientos, al ver a dos extranjeros, se dan de codazos para poder cazarte, y con la pregunta de “a dónde vais?”, “Delhi? Agra?”, “los trenes están cancelados”, bla bla bla.
Los ignoramos fríamente e intentamos encontrar algo que se parezca a una figura autoritaria dentro de la estación, que nos pueda informar de dónde debíamos coger nuestro tren. En la mesa llena de gente que se supone de la estación nos informan de que, efectivamente nuestro tren ha sido cancelado debido a las protestas, nos llevan a que nos devuelvan el dinero del billete, pagamos por el 198rupias, y por el tema del cambio recibimos de vuelta sólo 190.
Pillamos un tuc tuc para ir a la estación de buses a probar suerte, 30rupias preacordadas con un tipo que ni siquiera era el conductor, y que, por los gestos que hicieron, pudimos deducir que discutieron duramente porque uno ya había acordado un precio con nosotros, le acababa de joder el negocio. Pero no contento con ello, por el camino intentó dejarnos en una oficina de un amigo suyo para que tuviésemos que comprar billetes en un bus privado. Mala jugada, a las 6 de la mañana, cansados, muy enfadados, y sin ganas de coñas, tras golpearle a gritos en el asiento, amigo a la estación de buses ya!!!, directo y sin discusión.
En la estación más de lo mismo, y más y más… total, seguimos en Jaipur, con otro billete de bus para el día 27, y que esperamos podamos llegar a Delhi.
Para que os hagáis una idea, esto es sólo un detalle de los muchos que esta gente puede llegar a tener con los blanquitos e ingenuos extranjeros.
Imaginem uma cidade nascida em colinas que se debruçam sobre lagos espelhados. De cor tostada, casas baixas com terraços ajardinados, um sem fim de pequenas e labirínticas ruas, cheias de gente, de mercados, lojas, vida. Udaipur é a imagem romântica que qualquer um de nós tem o direito de fazer sobre impérios de Marajás e leitos de Sultões. É um sonho de lugar.
Chegamos à hora de almoço e tínhamos à nossa espera, no aeroporto, uma pessoa que nos mudou todos os planos da estadia na Índia. Jamil Khan. Um motorista de táxi e tuktuk que é guia turístico por toda a região do Rajasthan indiano. Galã ao estilo macho latino, nascido e criado em Udaipur, cidade que conhece de todos os ângulos e da qual sabe todos os segredos.
Sozinhos, deixamo-nos levar logo na primeira tarde pelas ruas que circundam a nossa pousada. Estreitas e animadas, coloridas pelos saris, pelas bancas de especiarias e pelas flores com que se adornam os templos. Ao final do dia, sobre as nossas cabeças, dezenas de macacos atravessam os terraços, e os esquilos equilibram-se em cabos eléctricos. Roubam protagonismo às sempre presentes vacas. O que começou por ser um passeio de reconhecimento das redondezas acabou por se tornam um recheado safari fotográfico. Estávamos fascinados!
No dia seguinte, pela manhã bem cedo, embarcamos no tuktuk do Jamil que nos levou a conhecer este cenário de conto de fadas. O Palácio do Maharaná, monumental, hoje dividido entre Palácio, Museu e Hotel, tem em cada pátio, galeria, quarto ou jardim o ar das 1001 noites. Totalmente em mármore, com gravados impressionantes, paredes pintadas de cores vivas e adornadas com pequeninos espelhos, incrustações de pedras e vidros, janelas recortadas que criam molduras sobre quadros vivos da cidade é um dos edifícios mais deslumbrantes que vi. Pinturas enchem corredores e contam a história da cidade e da maior batalha que se viu por estes lados. Roupas, tapetes, colchas, tecidos ricamente bordados são puras obras de arte. Maravilhoso e admirável a cada esquina. Aos pés da colina que o sustenta está o Lago Pichola (o nome que o David mais adorou em toda a visita!) e do meio da água ergue-se o Jag Nivas. Localizado numa pequena ilha que, no fundo, não se vê e o transforma num quase palácio flutuante, é todo em mármore branco. Foi outrora casa de Verão dos soberanos de Udaipur, em 1983 cenário do filme Octopussy do 007, e é hoje é um hotel de luxo.
O almoço, 100% vegetariano como quase todas as refeições hindus (para minha alegria) foi dos melhores que tivemos desde que chegamos à Índia. Ainda hoje tentamos comer um Shahi Paneer igual ao que provamos em Udaipur, mas sem sucesso!
Durante a tarde, Jamil levou-nos ao mausoléu privado, e fora das rotas e dos guias turísticos, de um antigo rei. Um sem fim de colunas e cúpulas em mármores e um silêncio cortante. As presenças de cães vadios estendidos na sombra roubam-lhe o estatuto de desértico.
Como bom indiano, Jamil lá nos levou à loja de um amigo, que vendia tapetes e coberturas de cama e almofadas. Ao negarmos a ida, porque não queremos gastar dinheiro, lá veio a história de que eram feitos por mulheres viúvas, que são abandonadas pela sociedade e que não podem sair de casa, vivendo num eterno luto e por isso impossibilitadas de trabalhar fora e blá,blá, blá, blá, blá… Lá lhe fizemos a vontade. Este lado de negociadores de trazer pelo bolso é genético. Assim como o facto de serem chatinhos, chatinhos!!! Buffff…sem dúvida o pior da Índia! Deixam-nos sempre na dúvida do que é verdade ou mentira. Pelo sim pelo não, assumimos que nada é verdade! Just in case
Vamos deslumbrados e de barriga cheia de Udaipur. Ficaríamos aqui mais uns bons dias. Temos de acrescentar que o hostel onde ficamos foi dos melhores da viagem, com um casal de irmãos incrível e que nos acompanharam com conversa da boa pela noite dentro. Pediram-nos muito para ficarmos mais uns dias, mas prometemos que voltaremos, sem dúvida alguma, e será aqui que nos poderão encontrar! Agora, vamos arrancar para o deserto, numa viagem de 10 dias pela região de Rajasthan, com o irmão do Jamil. Mudança total de planos e um formigueiro de expectativa no corpo. Primeira paragem: Jodhpur, a Cidade Azul. Até lá!
Más allá de la, bien merecida, fama de caótica, sucia y pobre India, se pueden encontrar lugares a los que se puede considerar remansos de paz.
Uno de ellos es Goa. Estado gobernado por los portugueses hasta hace 50 años, en la costa del Mar de Arabia, mirando a este con una inmensa y casi virgen playa de 25km, poco poblado, aún conserva gran cantidad de la arquitectura colonial, e incluso fácilmente puedes mantener conversación en portugués con más de un hindú, de avanzada edad claro, pero no olvidada flexibilidad a la hora de pronunciar el idioma.
Hemos pasado una semana recuperándonos del golpe de stress que ha sido Mumbai, y el cambio ha sido tan radical, que no parece que estés en India.
La paz de este lugar es algo sobrecogedor, por no hablar de que puedes llegar incluso a aburrirte si te descuidas. De todos modos, nosotros nos encontramos en una de las zonas más al sur de Goa, ya que, si te diriges más hacia las regiones del norte, allí es donde se concentra la mayor parte de la cultura Trance Disco que a los hindús apasiona. Razón por la cual nos mantuvimos bien alejados de esos lugares, ya hemos tenido trance de sobra en Mumbai.
Una de las cosas más llamativas es la cantidad de turistas Ingleses (pero del los que en sus tiempos mozos han debido ser Hooligans) de avanzada edad que te puedes encontrar por aquí, buscando la misma paz que nosotros; y por otro lado el enorme número de rusos, que, al contrario que los ingleses, no son tan apreciados por los lugareños, ya que se ve que son nuevos ricos y eso de recordad que no están en su país, y que la cultura aquí es algo diferente no va con ellos, por lo que la actitud de nuevo rico déspota y colonialista salta a la primera de cambio.
La playa no es tan apetecible como lo eran las de las Islas Gili en Indonesia, pero si que es realmente solitaria, tanto que hasta te encuentras bacas paseando por la orilla, mojándose los pies, muy divertidas la verdad. La arena es fina, tanto que cuando crees haberla limpiado toda, la boca te empieza a crujir.
El camino desde nuestro hotel hasta la playa estaba lleno de horizontes llenos de palmeras, bueyes con garzas posadas en sus cabezas y lomos mientras pastan, cerdos salvajes, cruces e iglesias católicas con nombres de vírgenes y santos en portugués, y sobre todo de gente encantadora, ya que los hindús por estos lugares son realmente hospitalarios y simpáticos, y no porque quieran venderte algo, de hecho, incluso cuando reusas entrar en sus tiendas, te dedican una sonrisa que parece más que sincera.
Definitivamente hemos encontrado la paz que necesitábamos y creo que nos vamos con las pilas más que cargadas para nuestro siguiente destino, la que se dice la ciudad más romántica de India, Udaipur.
Que sepáis que volaremos con la compañía Kingfisher. Os digo esto porque resulta que esta compañía es también una marca de cervezas local, por lo que no se yo si el piloto no irá hasta arriba del producto de la empresa… esto para asustar un poco a nuestras madres, jejejeje.
Nos vemos en Udaipur.
Resolvi dividir a enciclopédia em dois volumes, e depois de ter explicado ao detalhe, a chegada e a circulação por Mumbai, acho que é hora de falar da cidade em si.
Comecemos pela luz. Aqui vive-se um infinito pôr do sol. Por alta que esteja a luz esta dá a tudo uma cor típica do final do dia. Mas sozinha não faz muito. A verdade é que a cor tórrida que inunda Mumbai vem do tom amarelado ou alaranjado que têm os edifícios, o chão, o pó. Os táxis, biliões deles, e os tuk-tuk são amarelos e pretos e a cor mais vista em saris (ou aquela em que mais reparei) é o laranja. Tudo isto, dá à cidade um geral tom torrado. Tal como o caril, vá!
Sim. É verdade que há muita gente a pedir nas ruas. As crianças pedem-nos os restos de água que vamos deixando nas garrafas. Água! Não pedem dinheiro. Pedem água! Pessoas doentes, magras de fome e tristeza. Que vontade a de cuidar de todos. E do ambiente, já que uma imensa parte das necessidades da população vem do pouco cuidado que têm com a casa em que vivem. O lixo acumula-se pelos cantos, o mar é tóxico, a água é veneno. Enquanto na Europa vendemos casas em empreendimentos de luxo anunciando tranquilidade, distância de fontes de stress ou bem cuidados campo de golf, aqui, os flyers das casas mais glamourosas promovem ar puro e água fresca. Mumbai é um workshop em agradecimento e valorização daquilo que temos.
Passeamos por Colaba, o distrito mais popular e que arquitectonicamente ainda mantém o estilo colonial. Ah… by the way: sabiam que Mumbai foi oferecido a Portugal por um sultão Muçulmano? Anos depois Portugal ofereceu-o a Inglaterra como parte do dote de Catarina Bragança quando esta se casou com o Príncipe Carlos II. Mas não há nada de Portugal por aqui. Apenas o primeiro nome: Bombay. Todo o resto se remete à imensa influência britânica, seja no lado em que circulam os automóveis, seja nos edifícios, mais de metade deles em risco de ruínas. Uma tristeza. São lindos… ou foram lindos… ou poderiam ser lindos… Tanta gente na rua e tanta casa sem ninguém…. Voltemos a Colaba (estes desvios de raciocínio foram lugar comum nas minhas passeatas). Ao longo da rua, sub galerias dos prédios, erguem-se postos de venda ambulante de brincos, pulseiras e anéis, antiguidades muito pouco antigas, sandálias e carteiras de couro, pashminas e tecidos ricamente bordados. Regateia-se e apregoa-se, de uma forma mais ordeira e “polite” que na familiar China. Caminhamos até India Gate, porta de entrada na cidade quando por aqui se passeavam Reis e Rainhas Ingleses. Havia uma festa, a Marinha Indiana festejava o seu aniversário, e não nos podemos aproximar demasiado. Em frente, fica o lindíssimo hotel Taj Mahal, que esteve na ribalta há 2 anos atrás pelas piores razões. No céu voam corvos e o ar cheira a especiarias que alguém cozinha num carrinho em frente ao mar.
Fazer compras em Mumbai é ir ao Crawford Market e deixar-se levar pela multidão que o rodeia. É a principal fonte de frutas e verduras, especiarias, flores, frutos secos e delicias doces. Pequeno mas labiríntico e cheio de locais, de turistas, de cães, pombos e ratos. Nas ruas à sua volta concentram-se mais pessoas que na ribeira em noite de São João. Torna-se impossível caminhar. Somos apertados entre carrinhos puxados por vendedores do que quer que seja, pessoas a fazer as suas compras nas dezenas de postos ambulantes, a rua é estreita, chamam-nos para entrar nas lojas. Aqui as buzinas têm mais força que no resto da cidade e este momento foi um dos: quero-ir-embora-já! Ao mercado dos tecidos acedesse por uma tímida porta no meio disto tudo. Serviu como refúgio, mas não lhe dedicamos o tempo que os tecidos Indianos merecem.
Nos seguintes dias, repetimos Colaba, mas passamos muito tempo em frente ao mar onde há um imenso “calçadão” que circunda a baía. A praia é suja, há quem viva na areia e ao fundo do estreito areal há barcos invertidos que servem como casas. Do outro lado da estrada (que é a menos caótica da cidade e torna esta área um pouco mais silenciosa) há prédios lindos com alguns detalhes art decor que misturados com as sempre presentes palmeiras e a tal luz de final do dia conseguem levar-nos por breves instantes até Miami. Aqui vê-se que quem os habita tem uma vida bem diferente daquela que vimos ao longo do resto dos dias. Há andares lindos, recuperados, grandes janelas voltadas ao mar. Passamos pela Universidade, vimos de longe os domingueiro jogos de críquete nos parques, e deixamo-nos levar pelas multidões ao longo das ruas.
Deixamos Mumbai um pouco aliviados. Acabamos de chegar e já estamos cansados. Parece que aqui tudo custa. Encontrar um supermercado, por exemplo, foi missão falhada. O seguinte destino será a tão portuguesa Goa. Tenho a certeza que nos saberá melhor um cheirinho das, ainda vivas, tradições lusas, que o glamour fosco de um Bollywood que, afinal, não existe.
Devo começar por dizer que demorei dias até ter “coragem” para me sentar e escrever o post de Mumbai. Não por não ter nada para contar, mas simplesmente porque, quase duas semanas depois de termos chegado à Índia, continuo sem saber muito bem de que lado estou: se dos que amam se dos que odeiam esta cidade.
Resolvi então passar para o papel tudo o que vi e senti e cada um poderá tirar a sua própria conclusão sobre a cidade, sempre e quando tenham a noção que isto não é mais que uma opinião pessoal.
Sinceramente, estou confusa! Quase tão confusa como o dia em que chegamos. Quatro da manhã, aeroporto surpreendentemente cheio para a hora, uma multidão meio descontrolada a tentar chegar às cintas onde não cabiam mais malas. Barulho, muita, muita gente, uma imensa poça de água suja no chão (possivelmente água que caiu de uma garrafa e os imensos pés foram calcando e sujando e espalhando). À saída tivemos uma pequena sensação de vedeta, já que estava tanta, tanta, tantaaaaa gente cá fora, à espera de familiares, amigos ou hóspedes, que me faz acreditar que nem a Angelina ou o Brad - salvando as diferenças – têm este número de pessoas a olhar para eles quando se passeiam com os seis filhos. E aí, em plena noite, rodeados de uma dinâmica que acho que só existe no Índia, debaixo de um calor de 30 graus, esperamos quem também nos esperava e fomos dormir.
O acordar no dia seguinte revelou aquilo que não gostamos nada de ver. Para começar, mea culpa (dos dois) seguimos os reviews do hostelworld e encontramos um sitio cuja popularidade e relação qualidade-preço se adaptava ao nosso budget. Claramente entendemos o porquê, ao saber que estávamos a: a) duas horas do centro em autocarro urbano; b) 10 minutos em tuk-tuk até à estação mais próxima, onde apanharíamos o comboio que em 30 minutos nos levaria a Vitória Station
O autocarro estava à porta e mal informados com a duração da viagem arriscamos e lá mergulhamos pro-fun-da-men-te no caótico, e famoso, trânsito de Mumbai.
Ora tentem acompanhar: rua em obras… passeios nem vê-los…carros, motas, tuk-tuks elevados a um qualquer expoente bemmm grande… alcatrão?hummm… o que é isso???… pó, muito pó, laranja… lixo por todo o lado… um rio bem sujinho atrás de nós, muitas, muitas, muitas buzinas. E no meio disto tudo, meios perdidos, sem saber muito bem o que nos esperava: nós – que esperávamos o autocarro!!! – a desejar ser tele-transportado para as Gili outra vez!!!
Curiosamente, e acho que é isto o que a Índia tem de bom, ao ver as nossas caras de onde-é-que-vim-parar-e-como-é-que-saio-daqui-por-favor, foram várias as pessoas que nos foram dando indicações sobre o autocarro correcto, onde nos deixaria e que nos avisaram: “Vêm aí, vêm aí!!!”. Já dentro, homens de um lado, mulheres do outro, para que não haja abusos. Lá fomos separamos mas coladinhos a uma janela sem vidros, num autocarro que se foi enchendo e onde éramos o alvo preferido de sorrisos, comentários e dicas sobre localização.
Lá fora a vida desenrolava-se como qualquer outro dia: o trânsito continuava caótico, as crianças iam em grupos para a escola – elas de tranças longas presas por laços vermelhos ou negros – mulheres de sari, faziam as compras em mercearias que não são mais que um pano estendido na rua, um casal atravessa sem olhar, cinco carros passam um vermelho, aqueles ali ao fundo tomam banho numa água negra e suja, a mesma onde se lavam 4 vacas, os cães dormem no chão como se não fosse nada com eles… Também há pessoas a dormir no chão, debaixo de pontes, à porta de casas. Algumas lavam-se em casas de banho improvisadas na rua, preparando-se para o novo dia. Há carrinhos ambulantes que vendem comida e bebida ao virar de cada esquina e as ruas enchem-se de gente que não sei bem para onde vai nem o que vai fazer. Tudo muito sujo, tudo muito ruidoso, tudo muito confuso e desorganizado, mas tudo a funcionar! Tal como disse no inicio, na Índia há uma dinâmica muito própria, que dificilmente alguém pode entender. A verdade é que por aqui, mais rápido ou mais lento, mais limpo ou mais sujo, tudo funciona como tem de funcionar e as coisas acabam por resultar!
Antes de avançar para a cidade em si e o que fizemos por lá, concedam-me mais um bocadinho do vosso tempo e deixem-se contar a viagem de comboio no dia seguinte – não voltamos a andar de autocarro.
A estação e o espaço que a rodeia é mais ou menos o mesmo que descrevi acima mas em dobro. A Índia é o país do mundo com mais gente a andar de comboio diariamente e isso significa que todo o tipo de comércio que se possa fazer perto das estações, faz-se! Às lojas somam-se os vendedores ambulantes que vendem tudo o que se possa imaginar. A estação em si é pequena, feia. As filas respeitam-se. São 4 e aqui entendi o porquê da expressão “fila indiana”.
Com a ajuda de quem, uma vez mais, nos via tão perdidos, encontramos a nossa plataforma e com bilhetes de “primeira classe” embarcamos numa experiência única!!! Primeira classe na Índia não significa mais que preço mais caro e menos gente. O resto é igual: mulheres num vagão, homens no outro (no caso da primeira classe, sejamos sinceros, eles vão connosco, mas separados por grades), janelas sem vidros, portas sem porta (???), pintura sem cor… Tenho que dizer que por erro meu, na primeira viagem o David foi em segunda classe, o que significa algo como: demasiados homens para o espaço disponível e a presença de um bom número de equilibristas que vão literalmente pendurados fora do comboio. Sim… mais ou menos isso… a imagem que todos fazemos quando associamos as palavras comboio + Índia!
Um exemplo que pode descrever muito bem tudo: nas carruagens de senhora existiam uns anúncios do shampoo Pantene que tinha o seguinte slogan: “O teu cabelo tem a força necessária para uma viagem de comboio em Mumbai?” : )
Y por fin, la mejor parte de Singapur, cuando nos marchamos!.
Y es que esta ciudad, más allá de consumismo desenfrenado y una mezcla un tanto extraña de cultural, idiomas y lo peor de cada una, no tiene mucho más que aportar.
Positivo: Universal Studios, aunque muchas atracciones estaban cerradas y nos pusimos como pitos por la lluvia, los helados de calle a 1S$, conseguimos el visado para India, y creo que para de contar.
Negativo: entre otras muchas cosas, la cantidad de elevadas multas que te meten por casi cualquier cosa, aunque nosotros somos tan civilizaditos que ni las olimos de lejos, la cantidad estúpidamente grande de cámaras que hay por todas partes, (es algo digno de ver, en algunos sitios te encuentras con 6 cámaras en un mismo poste, como si una giratoria no valiese), los elevados precios de cosas que no se entiende el por qué, las lluvias garantizadas a media tarde, que aquí los chinos son de los de tener pasta pero escupir al suelo, aunque no lo hagan porque está penalizado con multa. Y como no quiero parecer el abuelo cascarrabias lo demás me lo guardo para los que quieran saberlo.
Ahora estamos en el aeropuerto esperando salir para Bombay, así que ya veis, nuestro último tramo comienza, con pena y alegría a la vez.


































































































































































